
Estudios realizados por el INDERT en el marco de la Nueva Ruralidad han detectado experiencias internacionales que confirman un cambio de paradigma determinante para la reforma agraria: la entrega de tierras por sí sola resulta insuficiente si no va acompañada de asociatividad, escala y conexión efectiva con los mercados. Modelos de Alianzas Público-Privadas (APP) combinados con una sólida cooperativización campesina demuestran a nivel internacional que los pequeños productores pueden ser protagonistas y líderes de las principales cadenas agroalimentarias, generando incrementos comprobados de hasta un 40% en sus ingresos netos.
La experiencia comparada ofrece tres lecciones emblemáticas de éxito en donde el Estado, la inversión privada y la organización rural crearon prosperidad económica duradera:
* Colombia y el Proyecto de Apoyo a Alianzas Productivas (PAAP): Diseñado para transformar a campesinos en socios formales donde articula al Estado como garante y cofinanciador de bienes públicos, a las cooperativas campesinas como gestoras de volumen y a la agroindustria privada como comprador formal (off-taker). Con más de 90.000 familias vinculadas a cadenas de alto valor (como café especial, cacao y lácteos), las evaluaciones de impacto corroboran un aumento sostenido de hasta el 40% en los ingresos reales de los hogares rurales, rompiendo de raíz la dependencia del asistencialismo.
* India y el Modelo Cooperativo Amul (NDDB): En el marco de la mayor reestructuración agraria lechera del planeta, el modelo articuló a pequeños campesinos de la reforma agraria post colonización en una red cooperativa de asentamientos conectados a una gestión agroindustrial de primer nivel. Hoy en día, más de 16 millones de productores integrados son copropietarios de la mayor empresa láctea del mundo, posicionando al país como el principal productor de leche a nivel mundial y demostrando que la microproducción cooperativizada tiene capacidad de liderar mercados globales.
* Kenia y la Agencia de Desarrollo del Té (KTDA): Tras los procesos de redistribución de tierras en el Marco de la reforma agraria, más de 600.000 pequeños agricultores se organizaron en cooperativas para adquirir y operar accionariamente las plantas de procesamiento industrial en alianza estratégica con sectores privados de exportación. Actualmente, estos pequeños agricultores manejan más del 60% de la producción de té de Kenia y perciben dividendos directos sobre la comercialización final en la Bolsa de Mombasa, consolidando una clase media rural robusta.
La clave del éxito: escala, tecnología y mercado seguro
Estos hitos internacionales ratifican que la modernización del campo no exige la marginación del campesino, sino su fortalecimiento institucional. Al dotar a las comunidades de títulos seguros, infraestructura compartida (centros de acopio y cadena de frío) y contratos de compraventa asegurada con la empresa privada, la cooperativización mitiga los riesgos de mercado, reduce la intermediación y democratiza el acceso a la tecnología.
En el Marco de la Nueva Ruralidad impulsada por el actual gobierno, la integración bajo alianzas público-privadas se consolida, así como la vía probada para convertir la reforma agraria en un motor indiscutible de competitividad, soberanía económica y bienestar familiar.
La estrategia de la nueva ruralidad descansa sobre tres ejes estratégicos: productividad, mercados y desarrollo rural integral.
Experiencias positivas
El Indert y el sector privado ya cuentan con experiencias positivas en trabajos coordinados con el sector privado, como la Unión de Gremios de la Producción (UGP), la Federación de Cooperativas de Producción (FECOPROD), Chortitzer y Agronorte.
Estos casos pueden servir como modelo para impulsar la nueva ruralidad en Paraguay: pasar de la entrega de tierras y títulos de propiedad a la generación de empleo, producción, industrialización y mejores ingresos para las familias campesinas.